querido amor:
cuantas hostias te habré podido dar a lo largo del tiempo
y cuantas veces has puesto la otra mejilla
dispuesto a recibir las que hicieran falta
con tal de hacerte notar en este mundo
como un drogadicto necesitado de su dosis
como una veleta adicta al viento
que no se rinde, incansable a la hora de girar
asfixiada por el viento entre párpado y pestañas
amor, cuantas veces te habré gritado a la cara: ojalá no existieras
cuantas veces te habré mandado a tomar por culo
y cuantas malditas razones me has dado para creer en ti
una y otra vez
eres duro de roer, mi amor
cuantas veces he podido cerrarte la puerta en las narices
y cuantas veces te has quedado esperando a que te la abriera
con una sonrisa de oreja a oreja y dispuesto a escuchar cada lágrima dicha por mis labios.
amor
cuantas veces he decidido saber nada de ti
y cuantas veces me has demostrado que existes
que estás ahi
viviendo y chupando la esencia de las cosas con mayor simplicidad de este mundo
habitando en quien menos me espero y en donde menos me espero
gracias
por demostrarme que existen canciones más allá de las que tratan acerca de tu pérdida o tu abandono
y que existen canciones que hablan de farolas sonrientes y pasos de cebra que se pueden cruzar con los ojos vendados, sin miedo alguno y vacilando hasta a la mismísima luna llena.
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