miércoles, 18 de junio de 2014

ceniceros.

Digamos que con los días 
algo se encendió en mi
vamos a llamarlo: llama.
con el paso del tiempo 
la fui abanicando
y abanicando
hasta que fue creciendo
convirtiéndose en un incendio
provocado, descontrolado
y precioso.



No quería decirte de la existencia
de esa llama.
Por temor a que si te lo contaba
te olvidaras de otra existencia:
la mía.


Por eso decidí callar y asentir.
Era mejor seguir como hasta ese momento.
Anticambios.


No sé cómo pasó o que fue lo que me dijiste
pero supiste de esa llama.
Pero era todo muy distinto
a lo que yo me imaginaba.
Así que despedacé el extintor
y los pedazos, los tiré a la basura.

Tan feliz y tan ingenua...


De repente sin esperarlo
me encuentro caminando
entre recuerdos encenizados
y edificios resquebrajados 
a punto de caerse y de provocar
tráfico y miles de muertes.
Ni todas las lágrimas 
ni la sal.
Han sido capaces de placar este incendio.
Y yo..
Tengo miedo de quemarme.


Si es que no lo estoy ya.

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